Brasil "no acepta ser el patio trasero de nadie", dijo este domingo 25 de octubre en Sao Paulo el presidente Luiz Inácio Lula da Silva tras triunfar en la segunda vuelta ante el político de extrema derecha Flávio Bolsonaro.
Lula, reelegido para un cuarto mandato en Brasil, se refirió así a un tema que planeó durante toda la campaña: las presiones de EE. UU. y el apoyo explícito del Gobierno de Donald Trump a la derecha de los Bolsonaro.
Durante la campaña brasileña y en medio de las denuncias de injerencia de Lula, Donald Trump había asegurado que estaba siguiendo "de cerca" unas elecciones que considera "muy importantes" y celebró ampliamente que Flávio Bolsonaro fuera el más votado en la primera vuelta brasileña. Pero sobre el resultado del balotaje no se pronunció inmediatamente.
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La declaración de Lula de este domingo no es nueva. En el marco de la campaña, el Gobierno del líder de izquierda señaló en varias ocasiones al Gobierno de Trump de ejercer una presión sin precedentes sobre Brasil. De hecho, en la Asamblea de la ONU, en septiembre pasado, el mandatario insistió en que "Brasil no cabe en el patio trasero de nadie" y condenó las "tentaciones hegemónicas" de "la mayor potencia del mundo", en alusión a Estados Unidos.
El presidente de Brasil también ha defendido que América Latina necesita "socios con una agenda positiva" y no presiones externas en una región cada vez más alineada con Trump, desde la Argentina de Javier Milei hasta la Colombia de Abelardo de la Espriella, y que se ha aglutinado en el llamado Escudo de las Américas.
Para Oliver Stuenkel, profesor de Relaciones Internacionales de la Fundación Getulio Vargas, sin embargo, no aparta al Gobierno de Lula de una región dominada por la derecha pues la cuestión ideológica "importa para encuentros simbólicos" pero, en la práctica, "no es tan relevante".
Con Argentina, por ejemplo, más allá de su retórica, "en el fondo el contenido de la relación no cambió tanto" pese a los insultos de Javier Milei a Lula, dijo el académico a la agencia AFP.
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Lula asumió la defensa de la soberanía nacional como una de las principales banderas de campaña en medio de los constantes desencuentros con el Gobierno de EE. UU. tras el regreso de Trump al poder.
En ese sentido, el abogado general de la Unión, Jorge Messias, había advertido a inicios de este mes: "La información es especialmente grave ante el proceso electoral brasileño y los episodios recientes de presión externa sobre nuestras instituciones".
También denunció un riesgo de injerencia extranjera y de violación de la soberanía nacional. "Las divergencias entre gobiernos son propias de las relaciones internacionales. Lo que no se puede admitir es que intereses políticos extranjeros pretendan interferir en el funcionamiento de las instituciones brasileñas o influir, directa o indirectamente, en las decisiones que corresponden exclusivamente al pueblo brasileño", escribió Messias, en alusión a Estados Unidos.
El abogado general de la Unión, Jorge Messias, destacó que "la información es especialmente grave ante el proceso electoral brasileño y los episodios recientes de presión externa".
Detrás de los principales choques ha estado la sombra de los Bolsonaro: en 2025, Trump impuso aranceles en represalia por el juicio contra el expresidente Jair Bolsonaro y anunció un nuevo gravamen del 25% este año.
Además; el republicano recibió al senador en la Casa Blanca en mayo, junto a su hermano Eduardo, y ha defendido reiteradamente a su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, que cumple arresto domiciliario y cuyo proceso judicial Trump ha calificado de "caza de brujas".
Otro foco de interferencia ha sido el Supremo Tribunal Federal. En 2025, Washington llegó a sancionar al ministro Alexandre de Moraes mediante la Ley Magnitsky, una herramienta que permite imponer restricciones a ciudadanos extranjeros acusados de corrupción o violaciones de Derechos Humanos. Las sanciones fueron retiradas posteriormente, pero el conflicto no terminó.
"La injerencia estadounidense en el rumbo electoral de Brasil es una realidad desde julio de 2025, cuando Trump impuso un aumento arancelario a los productos brasileños", explicó recientemente a France 24 el profesor Amorim Neto, de la Escuela Brasileña de Administración Pública y de Empresas de la Fundación Getulio Vargas.
"No fue solo una maniobra comercial; fue una maniobra acompañada de una carta publicada en las redes sociales en la que se pedía que el exmandatario Jair Bolsonaro - condenado luego por una trama golpista contra Lula- dejara de ser perseguido", agrega este politólogo.
En esa línea, analistas apuntan que uno de los grandes desafíos en este cuarto mandato será justamente recomponer la relación con Washington, uno de sus principales socios comerciales, pero sin ceder en su discurso de soberanía.
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