Colombia completó en julio de 2026 la reducción gradual de la jornada laboral establecida por la Ley 2101 de 2021, con lo que pasó de un máximo de 47 a 42 horas semanales sin reducir el salario de los trabajadores.
La medida disminuyó el tiempo de trabajo y elevó el ingreso por hora, mientras el promedio de horas trabajadas en el país se acercó al de otros países de Latinoamérica, de acuerdo con el más reciente Reporte del Mercado Laboral del Banco de la República.
La reducción comenzó en julio de 2023, cuando la jornada pasó a 47 horas semanales. Un año después bajó a 46 horas y en julio de 2025 se redujo nuevamente, esta vez a 44 horas. Finalmente, en julio de 2026 llegó al límite establecido de 42 horas.
El cambio también se refleja en el promedio efectivo de tiempo trabajado. Durante el primer trimestre de 2021, los trabajadores en Colombia laboraban en promedio 45,5 horas por semana, mientras que la cifra para el conjunto de países latinoamericanos analizados era de 38,4 horas.
Para el cuarto trimestre de 2025, el promedio colombiano había descendido a 42,3 horas semanales y el regional se ubicó en 39,7 horas. De esta manera, la diferencia entre ambos registros pasó de 7,1 a 2,6 horas por semana.
La disminución no ocurrió de la misma manera entre todos los trabajadores. El mayor cambio se presentó entre los asalariados, cuyo promedio semanal pasó de 47,7 horas en 2021 a 43,7 horas al cierre de 2025.
Entre los trabajadores no asalariados, categoría que comprende a independientes, la reducción fue menor. Su promedio pasó de 42,6 horas semanales en 2021 a 40,3 horas en 2025, es decir, una disminución de 2,3 horas.
El Banco de la República relaciona esta diferencia con las características del trabajo independiente, cuya organización del tiempo laboral puede responder a dinámicas distintas a las de los empleos asalariados.
Aunque la reducción de la jornada acercó el promedio colombiano al de la región, el país todavía registra más horas trabajadas que Argentina, Brasil, Chile, México y Perú.
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El reporte del Banco de la República también muestra cambios en la composición del empleo formal. Entre mayo de 2025 y mayo de 2026 se crearon 689.000 puestos formales, lo que representó un crecimiento anual de 6,6 %. Durante el mismo periodo, el empleo informal aumentó en 77.000 puestos, equivalente a una variación de 0,6 %.
El crecimiento del empleo formal estuvo concentrado principalmente en los trabajadores no asalariados, entre los que se encuentran contratistas e independientes. En contraste, el empleo asalariado perdió dinamismo, especialmente en las principales zonas urbanas.
Al comparar mayo de 2026 con diciembre de 2025, la ocupación asalariada disminuyó 0,8 %, mientras que la no asalariada aumentó 2,9 %. Los registros administrativos también muestran diferencias entre ambos grupos.
A marzo, los cotizantes dependientes registrados en la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes (PILA) aumentaron 2,6 % frente al mismo mes del año anterior. Al mismo tiempo, los resultados de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) mostraron una pérdida de impulso entre los asalariados formales y quienes cotizan a la seguridad social.
El avance de los trabajadores contratistas e independientes también coincidió con una reducción de la informalidad laboral. En mayo, la tasa se ubicó en 54,5 %, 1,4 puntos porcentuales menos que en el mismo mes de 2025.
El reporte señala que esta reducción podría estar relacionada, en buena medida, con el aumento de contratistas en la administración pública. Así, el crecimiento del empleo formal durante el periodo analizado estuvo acompañado por una mayor participación de modalidades de trabajo independientes y contractuales, mientras el empleo asalariado presentó un menor ritmo de crecimiento.
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